El esperanto no puede ser instrumento de complicidad con la discriminación y opresión

A la

Comisión sobre el Movimiento Esperantista Asiático (KAEM) de la Asociación Universal de Esperanto (UEA)

y

Organización Mundial Juvenil Esperantista (TEJO)

Apreciadas señoras, apreciados señores:

Las firmantes, esperantistas y otras personas solidarias con los pueblos oprimidos del mundo, y concretamente con el pueblo palestino, hemos recibido con estupor, tristeza e indignación la noticia de la organización de congresos internacionales de esperanto en Israel en 2013: Congreso Asiático en Jerusalén en abril, y Congreso Internacional Juvenil en Nazaret en agosto. Les escribimos en nombre de todas las personas defensoras de la paz, los derechos humanos y el cumplimiento del derecho internacional que se han adherido a la campaña por el Boicot, Desinversiones y Sanciones contra el sistema israelí de ocupación, colonización y apartheid.


Desde su creación manu militari en Palestina en 1948 y la expulsión de más de 750.000 habitantes autóctonos, Israel viene sometiendo al pueblo palestino con una ocupación declarada ilegal en decenas de resoluciones de la ONU. Su régimen colonial ejerce múltiples formas de opresión y comete graves violaciones de derechos humanos contra la población palestina. Sólo en la última década las muertes por asesinatos selectivos y crímenes de guerra cometidos por el ejército israelí superó la cantidad de 10.000. Actualmente todavía hay miles de personas palestinas presas políticas en cárceles israelíes, muchas de ellas en régimen de detención administrativa, sin derecho a juicio y sin saber de qué crímenes están acusadas. Israel constantemente practica la tortura, a pesar de haber firmado la Convención Internacional contra esta práctica inhumana.

Israel ocupa ilegalmente los territorios palestinos de Cisjordania, Gaza y Jerusalén Oriental (además del Golán sirio), restringiendo la movilidad de las personas en estos territorios inconexos y a través de sus fronteras. Entre las políticas de ocupación del estado israelí son especialmente graves: la construcción del muro de anexión y apartheid en Cisjordania, declarado ilegal por el Tribunal Internacional de Justicia de La Haya; la galopante construcción de asentamientos en Cisjordania; la destrucción de casas palestinas en Jerusalén; y el inhumano bloqueo que sufren más de un millón y medio de personas en la Franja de Gaza.

Además, Israel impide el derecho al retorno de millones de personas refugiadas, muchas de ellas en míseros campos de refugio en países vecinos, y también el regreso a su casa de miles de personas palestinas que tuvieron que emigrar a Europa, los Estados Unidos y otros países en busca de una vida decente. El racismo institucional también discrimina a un millón y medio de personas ciudadanas de Israel, descendientes de las familias palestinas que a finales de los años 40 consiguieron librarse de las masacres perpetradas por las milicias sionistas y quedarse en el territorio donde se implantó el estado de Israel. Esta comunidad, que representa más del 20% de la población israelí, no goza de los mismos derechos civiles, educativos, culturales, lingüísticos, laborales, sociales o económicos que el resto de la población, puesto que no son judíos.

Considerando la incapacidad y desinterés de la comunidad internacional por hacer efectivo el derecho internacional y proteger a la población palestina, más de 170 organizaciones palestinas de derechos humanos, ONGs y asociaciones culturales, profesionales y sindicales lanzaron en 2005 la campaña internacional Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS) contra el estado de Israel hasta que acate el derecho internacional. Esta campaña ciudadana mundial, no violenta y legítima, está inspirada de la campaña que terminó con el régimen colonial y racista del apartheid sudafricano.

La campaña BDS también tiene por objetivo las instituciones culturales y académicas israelíes si no reconocen explícitamente los derechos de las personas palestinas de acuerdo con la legislación internacional, o si actuan como propaganda israelí. La cultura se puede manipular con objetivos propagandísticos, ideológicos y políticos. Israel es posiblemente uno de los ejemplos más destacables de subordinación de las instituciones culturales a las políticas gubernamentales. El gobierno israelí gasta enormes cantidades de dinero para mandar artistas e intelectuales israelíes a todo el mundo, y para organizar en Israel eventos internacionales culturales y artísticos a los que normalmente invita a representantes del arte y la cultura de Europa, los Estados Unidos y América Latina principalmente.

El proyecto cultural “Brand Israel” (Marca Israel), cuyo responsable es el Ministerio israelí de Asuntos Exteriores y Cultura, fue creado en 2006 con el objetivo declarado de lavar la imagen de Israel en el extranjero, y con otro objetivo, en este caso no declarado, de lanzar una cortina de humo sobre la ocupación ilegal de Palestina, sobre el incumplimiento de la legalidad internacional y sobre los crímenes de guerra que Israel comete impunemente. Como muestra de la subordinación de la cultura a la propaganda por parte de Israel, el entonces viceministro Nisim Ben Shitrit declaró en un diario israelí: “Vemos a la cultura y a la Hasbara como un instrumento de propaganda de primer orden. No diferencio cultura de Hasbara. (Hasbara es una palabra hebrea para indicar estrategias de comunicación, propaganda y relaciones públicas con el objetivo de difundir, principalmente en la comunidad internacional, los argumentos del gobierno israelí y otros entes sionistas para justificar su acción).

Conscientes de esta manipulación, personalidades de todo el mundo dedicadas al arte y la cultura, han declarado públicamente su rechazo a actuar y tomar parte en eventos culturales en Israel o patrocinados por instituciones israelíes, de acuerdo con las recomendaciones de la campaña por el boicot cultural contra el apartheid israelí. Artistas e intelectuales de muchas nacionalidades y orígenes, inclusive israelíes y judíos, han proclamado su adhesión al boicot cultural como instrumento de presión para terminar con este régimen colonial. Entre los más conocidos se incluyen Elvis Costello, Emma Thompson, Roger Waters, Santana, Pixies, Mike Leigh, Ken Loach, Snoop Dogg, Damon Albarn, Klaxons, Jean-Luc Godard, Brian Eno, Yes Men, Cassandra Wilson, Peter Brook, Udi Aloni o Devendra Banhart, y los escritores Iain Banks, Eduardo Galeano, Stéphane Hessel, Juan Goytisolo, Ilan Pappe, Naomi Klein, Henning Mankell, Mahmud Darwish, John Berger, Arundhati Roy y Alice Walker entre otros.


Según
Ronnie Kasrils, exdirigente del Congreso Nacional Africano y exministro de Seguridad de udáfrica, la situación de las gentes palestinas es hoy peor que la de las personas negras sudafricanas bajo el apartheid. Su visita a Palestina inspiró al arzobispo sudafricano y premio Nóbel de la Paz Desmond Tutu éstas palabras: “De la misma manera que dijimos durante el apartheid que no era apropiado para los artistas internacionales venir a Sudáfrica a actuar en una sociedad fundada sobre leyes discriminatorias y exclusividad racial, igualmenete hoy sería un error para la Ópera de la Ciudad del Cabo actuar en Israel.

Está previsto que el Congreso Asiático de Esperanto tenga lugar en Jerusalén. ¿Saben ustedes que Israel ocupa ilegalmente toda la parte oriental de Jerusalén, incluída su Ciudad Antigua? ¿Saben cuántas casas palestinas han sido destruídas por las autoridades de Jerusalén en la última década? ¿Saben que la policía israelí ha ejecutado el cierre de teatros, centros culturales y literarios así como festivales musicales, y que incluso policias armados irrumpieron en la apertura de un festival internacional organizado por el Consulado Británico y la Unesco en el Teatro Nacional Palestino, en Jerusalén Oriental?

Tal es la persecución de la población palestina en el municipio de Jerusalén, que el poeta israelí Aharon Shabtai, al rechazar participar en el festival internacional de poesía en Jerusalén en 2006, declaró: “Gracias por la invitación, pero preferiría borrar mi nombre de la lista de participantes. He leído estos días sobre las atrocidades cometidas en el punto de control de Qalandiya. Estoy en contra de que tenga lugar un festival poético en una ciudad donde las personas árabes están sistemática y cruelmente oprimidas, encerradas entre muros, despojadas de sus derechos y sus casas, humilladas en puntos de control, y donde las leyes internacionales son incumplidas. Creo que incluso los poetas no deberían haber ignorado en el pasado, ni deberían ignorar hoy, la persecución y la discriminación en razón de raza o nacionalidad”. Nosotros añadimos que, con más motivo, las esperantistas no podemos ignorarlo tampoco.

Los eventos culturales internacionales en Israel son de hecho instrumentos de propaganda para “normalizar” y lavar la imagen de ese estado, que solo puede tener éxito escondiendo la discriminación racial, la limpieza étnica y despreciando e ignorando absolutamente la población indígena.

Desgraciadamente el movimento esperantista parece no ser una excepción. En los boletines y otras informaciones sobre los congresos y en otros medios de información del movimiento esperantista israelí no hay casi ninguna alusión al pueblo palestino, que habita el actual territorio de Israel hace muchos siglos, y desde hace algunas décadas expulsado, perseguido, discriminado y/o minorizado. Tampoco hay ninguna alusión a su cultura, lengua, historia o simple existencia. Se habla de cultura e historia judías, y de lengua hebrea, como si Israel fuese un estado sólo judío. La ignorancia y el desprecio del pueblo palestino parecen estar enraizados también en el ambiente esperantista israelí. En el boletín sobre el Congreso incluso se habla de la parte antigua de Jerusalén o de Qumram (cerca del Mar Muerto) como si fuesen parte de Israel, ignorando el hecho de que están en tierras internacionalmente reconocidas como parte de los territorios palestinos no israelíes. También se omite que para llegar a Qumram se tiene que circular por carreteras prohibidas o restringidas para no israelíes, a pesar de que se encuentran fuera de Israel.

El cambio de ubicación del Congreso Internacional Juvenil a Nazaret (ciudad israelí habitada casi en su totalidad por palestinos ciudadanos de Israel), y la inclusión de algunas personas indígenas en el Comité Local del Congreso parecen indicar una nueva actitud en el colectivo esperantista israelí. Sin embargo, la esencia del problema sigue siendo la misma. La Campaña Palestina por el Boicot Académico y Cultural a Israel (PACBI) define la normalización como “la participación en cualquier proyecto, iniciativa o actividad, en Palestina o a nivel internacional, que busca (implícita o explícitamente) reunir a personas o instituciones palestinas (y/o árabes) e israelíes sin poner como objetivo principal la resistencia y la denuncia de la ocupación israelí y de todas las formas de discriminación y opresión contra el pueblo palestino”. Y esto es justamente lo que se hace desde el esperantismo: Cualquier colaboración entre palestinos e israelíes que deja de lado el reconocimiento de los derechos fundamentales del pueblo palestino tiene sólo un nombre: “normalización” (es decir propaganda, lavado de imagen racista y del apartheid)

Pensamos que el esperanto no puede ser instrumento de complicidad con la discriminación, opresión y expulsión de un pueblo mediante nuestro silencio u omisión.

Por todo ello les pedimos que el Congreso Asiático de Esperanto y el Congreso Internacional Juvenil de 2013 no tengan lugar en Israel y que, si es posible, se organicen en un país libre de discriminación racial y respetuoso con los derechos humanos y la legislación internacional.

Atentamente,

Para firmar esta petición, originalmente en esperanto, pulsa aquí

http://www.change.org/petitions/esperanto-ne-estu-ilo-de-komplico-en-diskriminacio-kaj-subpremo-ne-organizu-internaciaj-kongresoj-en-israelo

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